sábado, 3 de agosto de 2019

Máquinas


Por estos días, desde los albores de la vida y hasta que las canas cubren de nieve las
desgastadas cúspides humanas, nos tornamos cada día mas dependientes de los
artefactos , cada vez mas autosuficientes a los que gustamos llamar máquinas.
Al pasar las edades y deshojarse los almanaques, hemos ido perfeccionando lo que al
principio creamos para que fuese un esclavo incansable, servil, obediente al extremo, y
totalmente desechable: las máquinas.
Recuerdo que en las décadas de los setenta a los noventa, fantaseaban los creadores de
comics con la posibilidad de que los robots humanoides y los organismos ciberneticamente
mas avanzados cobraran consciencia, voluntad propia y decidieran un buen día revelarse
contra sus creadores humanos.
Hoy ante nuestros ojos vemos una realidad distinta en lo fantástica, pero muy similar en lo
práctico.
Lo curioso es que no aconteció por mérito del avance tecnológico, o porque fenomenales
robots iniciaran una guerra de independencia contra los “hombres-amos”, sino porque
nosotros las forzamos día a día a ocupar el lugar de amos mientras que nos humillamos a
ser sus esclavos voluntarios, sumisos y absolutamente dependientes de su funcionamiento
y hasta de sus caprichos.
Mientras el músculo principal de nuestro cuerpo contenido dentro de nuestro cráneo, se ha
desarrollado en una forma impactante y sostenida, ha hecho que los demás se vallan
atrofiando y buscando cada vez mas reposo y descanso.
En este escenario hemos buscado, apoyados por el desarrollo de la ciencia, las mayores
comodidades para nuestro cuerpo.
Nos hemos reproducido a niveles que nos orillan a ser una plaga demográficamente
incontrolable. La urgencia de producir sustento en mayor cantidad y mas efectivamente,
nos ha llevado a encontrar soluciones basadas en un mayor desarrollo tecnológico. Los
altos costos de producción nos llevaron a buscar una mano de obra que produzca sin
protestar, que no cobre ni exija nada y que sea reparable si se daña, desechable y hasta
reciclable en la mayoría de los casos. Las máquinas califican indudablemente muy por
encima del hombre en este sentido.
La producción mecanizada poluciona y nos debilita, por lo tanto, mas aún necesitamos
guardar energías y resguardar nuestros cuerpos, siendo las máquinas quienes aliviarán
nuestro trabajo.
Veamos un día cualquiera de nuestra rutinaria existencia:
Una máquina llamada reloj-despertador nos dice cuando comienza el día, ya que nos
dejamos de guiar por el sol, la luna y las estrellas y hasta no oímos el canto del gallo o de
las aves, pues las desterramos de nuestro entorno.
Nuestro ojos no se elevan ni se detienen a mirar el cielo, en busca del clima, entonces
recurrimos a que una máquina nos diga que clima tendremos hoy, y aunque
escudriñemos el firmamento no obtendremos respuesta segura, pues nuestros sentidos no
pueden detectar fenómenos meteorológicos, ya que no hay un bioma alrededor que nos
pueda dar esa información, pues una o varias máquinas regulan la temperatura y
humedad de nuestra habitación.
Nos levantamos de nuestro lecho construido por una máquina, salimos de debajo de
cobijas construidas por una maquina, nos vestimos con ropa construida por otras
máquinas, una máquina nos higieniza y usamos otra máquina para hacernos el
desayuno, que tomamos sobre muebles construidos adivinen por quienes, sí, por
máquinas. Salimos de esa endemoniada maquinaria para ir al trabajo. En la calle
(construida por máquinas) pululan miles de máquinas de todos tipos y colores, y a una
de esas nos subimos para ahorrar el tiempo que la máquina de nuestro pulso o bolsillo.
nos dice que se agota. Una máquina llamada GPS nos indica el camino, otra máquina
robot nos dice cuando detenernos en la esquina, y mientras esperamos que como un
camaleón cambie de color, el sonido de otra máquina nos avisa que alguien quiere
comunicarse con nosotros, inmediatamente la tomamos y comenzamos a hablar con ese
“alguien” que está quizá a cientos de kilómetros de nosotros.
La comunicación termina y deseamos hacer mas ameno el viaje entonces encendemos
¡dos máquinas! Una para entretenernos con música y noticias y otra porque hace frío.
Máquinas dentro de otra máquina.
Llegamos a destino y una máquina nos lleva sin fatigarnos once pisos mas arriba. Allí en
una reducida oficina varias máquinas trabajan teniendo como esclavos a nuestros
compañeros de cautiverio, perdón, quise decir trabajo. Nos sumamos a ellos hasta que de
nuevo la máquina que oficia como nuestro control remoto en nuestro bolsillo nos dice
que es hora de ir hacia la máquina que nos alimentará.
La tarde sigue el mismo curso de la mañana y volvemos sobre nuestros pasos a cerrar el
ciclo del sol al que no vimos en todo el día.
Antes de nacer una máquina escudriña al niño en el vientre de su madre, nace rodeado de
máquinas y muere de la misma forma. Las computadoras son los robots que controlan la
vida humanoide de este tiempo inverosímil. La informática a idiotizado al humano
convirtiéndolo en un ser manejable y moldeable, dependiente e incapaz de pensar o
razonar por si mismo.
No controlamos a la máquina, ella nos controla sin manos, pues usa las nuestras y es capaz
de manejarnos a distancia usando el control remoto que cargamos en nuestro bolsillo.
Aterrador ¿No?
Imaginemos entonces que alguien controle a las máquinas...
De hecho estamos interactuando tu y yo en éste momento a través de un sistema (red) msiempre controlado por un gigantesco cerebro cibernético, que tiene acceso a toda la información que circula en el planeta. Quien accede a estos datos tiene, por así decirlo, al mundo girando en sus dedos.
 El poder de controlar mentes, vidas, pueblos, naciones, masas enteras, seduce a los que gobiernan y manejan al mundo como un titiritero a su marioneta.
Es tiempo de despertar.
¿En quién quieres depositar la confianza para que dirija tu vida?
1) Tu. Que no conoces tu futuro.
2) El mundo.  Es una marioneta en manos de un titiritero que tiene sombrías perspectivas de futuro para ti.
3) Dios. No puede engañarte, no hay mal en él y tiene un plan perfecto para tu vida, quiere que vivas para siempre.
La desición es tuya.

viernes, 23 de noviembre de 2018

“Son intolerantes con nosotros”





Leyendo la prensa actual cada día más frecuentemente veo esta queja repetida. Las minorías que quieren ser oídas. Las mayorías que no quieren ser cuestionadas. Los “buenos”, los “malos”, los grandes y los chicos…y ahora también los cristianos!
Me pregunto dónde entran entonces las palabras de Jesús:
Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros.
Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece.
 Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.
 Más todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.
 Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado.
El que me aborrece a mí, también a mi Padre aborrece.
 Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre.
 Pero esto es para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Sin causa me aborrecieron.
Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.
 Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.
(Juan 15:18-27)

¡Cuán lejos estamos de aquel capítulo 11 de la carta dirigida a los hebreos que habían creído en el Señor Jesucristo allá por el primer siglo de nuestra era, y que es estímulo y ejemplo para todos los que seguimos los pasos de nuestro Señor Jesucristo!
Allí se lee acerca de los antiguos hebreos que le creyeron a Dios:
“…que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros.
Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección.
Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles.
Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados;
de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido;
proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.  (Hebreos 11:34-40)
Como cristianos, estemos dispuestos a perder nuestra vida por causa del evangelio, dispuestos a sufrir el rechazo y la persecución del mundo bajo el poder de satanás, y a pagar el precio por anunciar la salvación, por proclamar al mundo las palabras del Evangelio, así como los apóstoles de Cristo lo hicieron:
Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad.
Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre.
Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo.”(Hechos 5:40-42)
¡Basta de quejas contra el sistema mundial gobernado por satanás! Sabemos que no lo vamos a cambiar porque está preparado para su destrucción en el infierno:
 “Estos son fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre.
Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error”
 (2 Pedro 2:17-18.)
Está escrito que nuestra lucha no es contra carne y sangre (Efesios 6:12)
Entonces vamos a concentrarnos en vivir como Jesús, en anunciar la salvación, en denunciar el pecado, en anunciar que Jesús nuestro Señor vuelve.
No será reclamando derechos de igualdad con el mundo que agradaremos a Dios, sino siendo ejemplo de santidad al mundo.
No tenemos los mismos derechos que el mundo. ¡Por supuesto que no! ¿Por qué entonces reclamamos derechos para igualarnos al mundo?
Nuestra responsabilidad y deber es arrebatar de sus garras a los que crean a través de nuestro testimonio, se arrepientan de sus malos caminos y se vuelvan a Dios.
Enfoquémonos en mirar al Señor, en imitarle, en obedecerle por sobre todo y a pesar de todo.
El mundo se aterrorizará de la presencia de aquellos que abracen la fe de Cristo sin reservas, aún menospreciando sus propias vidas terrenales, porque así lo ha hecho siempre y teme ser expuesto a la luz del Evangelio, por lo tanto gritará como allá en Tesalónica:
Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá;
(Hechos 17:6)
Es tiempo de morir por Cristo, es tiempo de ser fieles a Él, es tiempo de negarnos a nosotros mismos, es tiempo de menospreciar nuestros derechos, nuestros sueños, es tiempo de poner nuestra vida misma a disposición de nuestro Señor, pues ella es eterna y no puede ser arrebatada de las manos de Dios.
Por supuesto que van a ser intolerantes! Tienen que serlo!
 Por supuesto que somos una plaga!
Por supuesto que nos van a aborrecer y despreciar!
¡Siiii! ¡Es que así tiene que ser!
¿Dónde vemos en los Evangelios a Jesús nuestro Señor reclamando derechos? ¿O a  sus discípulos?  ¿O a cualquiera de los siervos del Señor de los que habla la biblia? ¿O dónde dice en la escritura que los reclamemos nosotros?
El mundo tiene que aborrecernos y perseguirnos y querer destruirnos. Esa es su reacción. Esto es guerra y el mundo y su sistema de gobierno demoníaco no va a tenerle piedad a nadie. Permanecerá en su postura hasta que sea destruido en el infierno.
Satanás es amigo del mundo, por eso el mundo le ama, pero es  enemigo del cristiano, enemigo a muerte, por eso le aborrezco a él y a sus obras y como cristiano contra él es mi lucha ¡no hay tregua ni cuartel!
Vamos a dejarnos de ser payasos imitadores del mundo cobarde y vamos a mostrar nuestra fe a través de nuestras obras siendo imitadores de Cristo.


martes, 14 de agosto de 2018

Radical




Radical:
El diccionario de la real academia española (DRAE) dice acerca de éste vocablo:
Del lat. tardío radicālis, y este der. del lat. radix, -īcis 'raíz'.
1. adj. Perteneciente o relativo a la raíz.
2. adj. Fundamental o esencial.
3. adj. Total o completo. Cambio radical.
4. adj. Partidario de reformas extremas. U. t. c. s.
5. adj. Extremoso, tajante, intransigente.

En el mundo de hoy, el hombre de hoy, busca vivir sosegado. La falta de paz produce una búsqueda desesperada de cualquier cosa que se le parezca, aunque sea un pequeño y debilitado fragmento de quietud.
Pareciera que nos conformamos con lo que hay y que estamos obligados por alguna misteriosa fuerza, a aceptar la basura que el mundo ya no nos ofrece, sino que nos exige que consumamos, en la que quiere nos sumerjamos.
Como esclavos autómatas sin voluntad los humanos marchan aceptando los cambios exigidos por “el sistema”.
Cualquiera que ose levantar la voz contra el señor de éste mundo, llámese “sistema”, moda, actualidad, o (sin máscaras) satanás (1ªJuan 5:19), es acallado sin escrúpulos, señalado con el dedo y arrojado a la jauría de zombis esclavos subyugados por el poder reinante.
Dentro de este asfixiante panorama no existe lugar para la palabra radical. Para los que se niegan a servir al déspota.
Los que somos inflexibles en nuestro pensamiento, seremos siempre confrontados y acusados de amargos, desconformes e intransigentes; y en verdad lo somos. Apelando nuevamente al DRAE podemos allí leer:

Transigir 
Del lat. transigĕre.
1. intr. Consentir en parte con lo que no se cree justo, razonable o verdadero, a fin de acabar con una diferencia. 
2. tr. Ajustar algún punto dudoso o litigioso, conviniendo las partes voluntariamente en algún medio que componga y parta la diferencia dela disputa.

Entonces sí, soy intransigente, sí, soy radical, porque Dios y su palabra lo son. Dios no tolera el pecado, de hecho nadie le verá sin santidad (Heb12:14) (1ªP.1:16) (Lv.11:44) porque Dios aborrece al malo (Sal.5:4,6).
Dios y su palabra son inmutables a pesar del tiempo (Heb.13:8).
No puedo darme el lujo de ser pusilánime, de permanecer neutral o de buscar conciliación entre lo inconciliable. No puedo consentir ni en parte, con lo que no es justo a los ojos de Dios, ni tampoco retroceder o callar: “el que retrocediere no agradará a mi alma” (Heb.10:38) y: “no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hch.4:20)
El cristianismo “Siglo XXI” mundanalizado, tibio, displicente, de guante blanco, que timorato no se atreve a ensuciarse las manos, que como el movimiento mariguanómano y hippie de los 60´s, solo predica “paz y amor”, una “paz” de mentirosa y falsa falacia proclamadora de una fantasiosa ausencia de problemas en lugar de seguridad en medio de ellos, “un amor” meloso, palagosamente repugnante, que no admite disciplina, sacrificio, sufrimiento, obediencia, renuncia, entrega, que le da asco al Señor y que le provoca vomitarte de su boca limpia(Ap.3:16), un ”amor” que solo busca lo sensual, que predica el “todo te irá bien”, el “exígele a Dios que te bendiga” incitándote a creer que tú, miserable y arrastrado mortal, tienes el derecho de reclamarle cosa alguna al Dios todopoderoso creador del universo y que se puso en tu lugar, que sufrió por ti tan solo por amarte.
Pero aún queda un remanente, un puñado de fieles al Señor sin reclamar condiciones, que no alzan la voz, que en silencio e intimidad profunda con su Señor, no cesan de pelear “la buena batalla” de la que habla Pablo, que no hablan, actúan. Que transpiran, que avanzan sin miedo hacia la lucha, sabiendo que solo tienen prometido el combate, no la victoria, esa pertenece al Rey. Cuyo mayor honor es morir peleando por su Dios, pues la muerte no es un enemigo, ni es de temer, tan solo es el paso final antes llegar a Dios.
2ª Tim.1:7-9  dice: Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.
  Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos”
 Entonces, como dije, sí soy intransigente, sí soy radical, no me puedo conformar a una iglesia pusilánime, pues esa es la definición de ésta iglesia moderna, prostituida y corrupta pues eso dice el diccionario:
Pusilánime:
Del lat. pusillanĭmis. 
1. adj. Dicho de una persona: Falta de ánimo y valor para tomar decisiones o afrontar situaciones comprometidas. U. t. c. s.

El tiempo del fin viene y satanás arrulla y mima a un pueblo que se dice cristiano y de fe, pero que adolece de ella. Que cierra sus ojos cuando ve que hay gente a nuestro alrededor cayendo en racimos al infierno todos los días. Dios nos pedirá cuenta de ello, así como de nuestra negligencia por aquellos hermanos que en silencio están dando su vida y mudos se están yendo a la presencia de Dios, en lugares donde mandan el hambre, las pestes, los gobiernos y pueblos islámicos, orientales o de cualquier otro esbirro de satanás. “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda. “(Ap. 21:8)

jueves, 9 de agosto de 2018

La regla de oro






Hola. Los desafío a que lean y analicen Mateo 7 versículos 1 a 12.
Luego de leer, hagamos énfasis en el versículo 12.
“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.”
Casi nunca nos preguntamos cómo actuaríamos en lugar del otro. Cuando tomas decisiones o actúas, por lo general piensas en ti, casi inconscientemente. A veces ni siquiera se piensan nuestras acciones o decisiones, mecánicamente  surgen como autodefensa o autocomplacencia. Defendemos nuestra posición, nuestra manera de pensar, porque de antemano obviamos que es la correcta. Siempre creemos que nuestro juicio es correcto, de lo contrario no lo haríamos. De esa manera siempre estamos justificándonos, casi teniendo una a veces paupérrima auto conmiseración. Nos gusta sentirnos “pobrecitos de nosotros”.
 Exigimos primero que se cumpla con nosotros antes de cumplir con los demás. Quizá esté latente en nuestro interior el deseo de no devolver el bien recibido, en caso de juzgar la actitud del otro, y decidir si premiarle por el bien que hizo o castigarle por su “a nuestro modo de ver” mal proceder, erigiéndonos así en dueños absolutos de la verdad, ocupando así el lugar de Dios. Aún en las pequeñas cosas cotidianas, nuestra actitud es: “¡Mi vida es mía!” “¡Nadie tiene que ver con lo que hago!” “¡Nadie tiene derecho a gobernar mi vida!”  Así somos dueños y señores de nuestras vidas. Cuando decimos “nadie” es nadie… ni siquiera Dios. Así nos confesamos culpables y nos exponemos a las consecuencias. Esas consecuencias encierran muchas veces recibir el pago con la misma moneda. Pero todo cambia si lo vemos desde el lado de enfrente. El Señor dice: “como quieras que actúen contigo, así debes actuar tu antes con los demás.” Entonces nos justificamos diciendo: “los demás no piensan así y no van a retribuirme igual” ¡Por supuesto que no! Por eso también dice el Señor: “al que te pegue en la mejilla derecha, dale también la izquierda” ¿Estás  dispuesto a pagar el precio? ¿Te gustaría que la persona a la que tu actitud lastima tuviera la misma actitud contigo? ¿Te agrada ser humillado? ¿No? Entonces ¿por qué humillas? ¿Te agrada que sean soberbios contigo? ¿No? Entonces ¿por qué saboreas tu soberbia? Y así podríamos continuar con mil actitudes más. Amén de esto, aún vemos como horrible la actitud de las personas a las que observamos cometer los mismos errores que cometemos nosotros a diario. Por eso dice el Maestro: ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.”
Por último pensemos: si los demás actuaran exactamente igual a mí, con mis mismos caprichos y egoísmos, ¿yo me sentiría feliz?

viernes, 3 de agosto de 2018

"¡TENGO DERECHO!"

A menudo es habitual escuchar un decir colectivo entre muchos cristianos: “Si los demás tienen 
Deisy  Betel Silvera
derecho a opinar, yo también”. He de admitir que hasta hace pocas semanas yo también estaba dentro de ese grupo. El enojo que me generaba ver que censuraban y opacaban a los cristianos era como una pizca de orgullo queriendo sobresalir, una que, a día de hoy, la comparo a la misma ardua tarea de procurar encender una vela bajo el océano.
¿Es lógico pedir respeto hacia mi persona, mi opinión y mis creencias? ¿Los cristianos pueden hacerlo? El abanico de opiniones se abre ante nuestros ojos, la mayoría se inclina a que sí. En mi opinión, es una ridiculez.
¿Pablo pidió respeto? ¿Lo hizo Pedro? ¿Lo sugirió Juan? ¿Alguno de los grandes mártires de la Palabra lo hicieron? ¿Qué hay de ese grupo de “sin nombres” que relata Hechos 11:36-40? ¿Lo habrán hecho también? La respuesta, a mi parecer, es no. Un gran y rotundo no. Ellos tenían una meta, sabían que lo que estaban haciendo estaba bien y no necesitaban el reconocimiento de nadie. Si los censuraban: no les importaba. Si los mataban: estarían mejor. Si los echaban: se irían predicando el Evangelio de Salvación.
Personalmente considero que: no necesito de un eslogan para respaldar lo que digo, no necesito de una bandera para que me vean, no requiero de una sigla que represente a esta gran familia a la que pertenezco, no quiero un partido político (ni siquiera me interesa figurar en esa gran masa corrupta que mueve a los países mediante engaño y manipulación), no busco que cese la persecución hacia los que profesan mi misma fe, ni que a mi voz le den ánimos. El eslogan de nosotros los cristianos debería ser la Palabra de Dios y la bandera el ejemplo y testimonio que tengamos.
Planteándolo de manera fácil: si el mundo odia a Dios, ¿qué clase de cristianos somos si queremos que nos aplaudan y oigan lo que decimos? Si el mundo aborrece a Dios, quiero que me aborrezca a mí también. Pedirle al Señor que me dé el mismo desprecio hacia eso que él desprecia. Detestar y desechar eso que no le agrada a nuestro Rey debería estar dentro de los 10 propósitos principales de cualquier cristiano, no en la lista de posibilidades.
Cada quien sabe que para exigir respeto, primero hay que darlo; amén de esto, una de las definiciones de respeto es la siguiente: “Consideración de que algo es digno y debe ser tolerado”. Entonces, ¿pactamos con el mundo y aceptamos sus preceptos y conceptos a cambio de su hipócrita y efímero respeto? ¿O nos oponemos a todo aquello que Dios aborrece? La obediencia no debería ser una opción.
Aunque suene grotesco, el objetivo es que el mundo aborrezca como me visto, que le disguste como camino, lo que digo, mis pasatiempos, hacia donde voy, mis pensamientos y deseé alejarme. Si el mundo me aprueba, es que algo estoy haciendo mal.
El único respeto que tendrá cualquier cristiano que realmente se someta a la autoridad de Dios, será ese que generará la presencia de Dios en su vida. Cualquiera sea el individuo que se aproximé a ese siervo fiel, obediente y temeroso de Dios, sentirá admiración hacia esa presencia sobrenatural que no la tiene cualquiera.
¿Creen que nos darán respeto si al Señor Jesús, Hijo del Dios Viviente, Redentor y Salvador de la humanidad, lo abofetearon y escupieron? No generalicen. Mis verdaderos hermanos no se ponen a chillar como mujercitas ante la persecución. Cuando le dijiste que sí a Dios, le dijiste que no al mundo y a toda su gran bola de privilegios y derechos.
Deisy Betel Silvera )