lunes, 23 de mayo de 2022
sábado, 19 de diciembre de 2020
Discípulos de Cristo 2020
"Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.
martes, 27 de octubre de 2020
¿Conoces a Dios?
Una joven mujer sobre la que pesa
una poco deseable reputación, camina rauda por las callejuelas polvorientas de
la pequeña aldea llamada Betania. Apresura sus pasos ocultando entre sus manos
un precioso objeto camuflado entre sus vestidos. Es la hora de la cena. Su
familia mas cercana, sus amigos y casi todo el pueblo está en la casa a la que
se dirige. Mientras anda sus pensamientos tienen un objetivo determinado, fijo.
Su voluntad se sobrepone a los prejuicios del entorno social en el que vive. En
su pecho un volcán amenaza hacer erupción en cualquier momento. Una inmensa presión
se acumula en su garganta y sus párpados colman su capacidad y comienzan a
desbordarse en pequeñas gotas que muy pronto se convertirán en abundante torrente.
Camina, recuerda, y los recuerdos
y sentimientos se atropellan entre si por asomarse a la ventana de su mente.
Recuerda como otrora caminara
avergonzada, asqueada del estigma que cargaba, la mirada baja, el rostro
cubierto y el dolor trabado en lucha con la rabia dentro de su corazón, pero
todo eso cuidadosamente oculto bajo la máscara de un dulce rostro sonriente.
Recuerda la asombrosa revelación
de amor infinito que como nunca sintió cuando aquellos ojos penetrantes como la
mas afilada de las flechas destrozaron su coraza de miedo y se posaron con
firmeza en los suyos y la abrazaron con una paz que no podía entender.
Recuerda las palabras que
cortaron su alma como una espada del mas afilado acero desnudando todo su
pecado, revelando toda su inmundicia, hiriendo de muerte su maldad, pero
revelando la única y autentica verdad.
Recuerda… sus sentimientos se
agolpan, tiene la urgente necesidad, y no sabe bien por qué, de cumplir su
propósito, ese impulso que la lleva a ejecutar lo que se he propuesto. Sabe que
para el mundo que la rodea ella no tiene ningún valor. Es consciente que ha
sido también causa de vergüenza para los que la aman, pero sabe que ya nada
importa, que todo ha pasado y que algo nuevo se gesta en ella. Su instinto
materno le dice que, así como su vientre está capacitado para gestar y contener
vida, así también su espíritu está capacitado para ser vivificado, y el suyo
está siendo transformado en ese entonces.
La inunda una gratitud que no
puede ser expresada con palabras, solo sus ojos pueden verter tantas lágrimas
como pueda generar su alma.
Ha llegado a la casa. Entra
deslizándose detrás de los que están ahí. No toca a nadie, procura no ser
detenida por nadie, aunque sabe que, aunque le costara la vida, nada le
impediría hacer lo que va determinada ha hacer. Sus ojos, entre la niebla que
los cubren, ubican la espalda de su tan deseado objetivo. ¡Ahí está! ¡Es ahora!
Inclina su cuerpo hasta el piso,
es casi una sombra cuando cae a los pies del que está sentado a la mesa y sobre
el que se fijan todas las miradas. Sus manos liberan de entre sus ropas el
valiosísimo y tan estimado objeto que aprisionan con tanto celo y cuidado y de
pronto aferrándolo con todas sus fuerzas lo hacen estallar en mil pedazos…
En un instante el mundo que la
rodea se paraliza, el sonido de la ruptura del material, acalla las voces, la
conversación se detiene, el aire se llena por completo de un maravilloso
perfume, todas las miradas cambian de objetivo, ahora es ella el blanco de las
miradas, los rostros cambian, los ceños se fruncen, un oscuro nubarrón de ira
cubre las mentes de los presentes y de inmediato con toda la saña de su
deformada humanidad estalla una tormenta de juicio y acusación sobre la
postrada muchacha.
El volcán de su pecho hace
erupción al fin y se derrama en mil cascadas de llanto incontrolable que lavan
sus ojos para que vean casi pegados a ellos los pies que descansan en el piso. Esos
pies. Su objetivo. El mundo entero cae ahora sobre ella, pero no le importa, sus
oídos no obedecen a las voces de los que la acusan, sus manos ahora tiemblan y
toma entre ellas su mas precioso tesoro, su dignidad, lo que la distingue como
mujer, su cabello al que tanto cuida, que tanto aprecia, su honra, su honor y
comienza, como si fueran el más desechado de los trapos de limpieza y con toda
la ternura que su alma angustiada puede expresar, a enjugar con ellos esos pies
tan amados a los que sus labios juzgados como impuros e indignos, cubren de
besos.
Su cuerpo convulsiona en llanto
tan profundo, que la que llora es su alma, arrepentida, humillada, pero
profundamente agradecida.
Todo ha cambiado en un instante,
las voces, los sentimientos, la acción. Solo la voz que hablaba cuando ella
entró a la casa no se deja llevar por las de los demás. Ahora es firme, serena,
justa, severa para los que acusan, pero a la vez, comprensiva, dulce y
compasiva para con la mujer arrepentida, y teniendo su llanto como la mas dulce melodía de fondo, sigue
revelando verdad, misericordia y amor infinito ante la miseria del egoísmo humano
cuando clama:
“¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me
diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha
enjugado con sus cabellos. No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha
cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite; mas
ésta ha ungido con perfume mis pies. Por lo cual te digo que sus
muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le
perdona poco, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados te son
perdonados. Tu fe te ha salvado, ve en paz. (Lucas 7:36-50; Juan 12:1-8; )
Ademir Silvera 26/10/2020
lunes, 23 de marzo de 2020
sábado, 3 de agosto de 2019
Máquinas
Por estos días, desde los albores de la vida y hasta que las canas cubren de nieve las
desgastadas cúspides humanas, nos tornamos cada día mas dependientes de los
artefactos , cada vez mas autosuficientes a los que gustamos llamar máquinas.
Al pasar las edades y deshojarse los almanaques, hemos ido perfeccionando lo que al
principio creamos para que fuese un esclavo incansable, servil, obediente al extremo, y
totalmente desechable: las máquinas.
Recuerdo que en las décadas de los setenta a los noventa, fantaseaban los creadores de
comics con la posibilidad de que los robots humanoides y los organismos ciberneticamente
mas avanzados cobraran consciencia, voluntad propia y decidieran un buen día revelarse
contra sus creadores humanos.
Hoy ante nuestros ojos vemos una realidad distinta en lo fantástica, pero muy similar en lo
práctico.
Lo curioso es que no aconteció por mérito del avance tecnológico, o porque fenomenales
robots iniciaran una guerra de independencia contra los “hombres-amos”, sino porque
nosotros las forzamos día a día a ocupar el lugar de amos mientras que nos humillamos a
ser sus esclavos voluntarios, sumisos y absolutamente dependientes de su funcionamiento
y hasta de sus caprichos.
Mientras el músculo principal de nuestro cuerpo contenido dentro de nuestro cráneo, se ha
desarrollado en una forma impactante y sostenida, ha hecho que los demás se vallan
atrofiando y buscando cada vez mas reposo y descanso.
En este escenario hemos buscado, apoyados por el desarrollo de la ciencia, las mayores
comodidades para nuestro cuerpo.
Nos hemos reproducido a niveles que nos orillan a ser una plaga demográficamente
incontrolable. La urgencia de producir sustento en mayor cantidad y mas efectivamente,
nos ha llevado a encontrar soluciones basadas en un mayor desarrollo tecnológico. Los
altos costos de producción nos llevaron a buscar una mano de obra que produzca sin
protestar, que no cobre ni exija nada y que sea reparable si se daña, desechable y hasta
reciclable en la mayoría de los casos. Las máquinas califican indudablemente muy por
encima del hombre en este sentido.
La producción mecanizada poluciona y nos debilita, por lo tanto, mas aún necesitamos
guardar energías y resguardar nuestros cuerpos, siendo las máquinas quienes aliviarán
nuestro trabajo.
Veamos un día cualquiera de nuestra rutinaria existencia:
Una máquina llamada reloj-despertador nos dice cuando comienza el día, ya que nos
dejamos de guiar por el sol, la luna y las estrellas y hasta no oímos el canto del gallo o de
las aves, pues las desterramos de nuestro entorno.
Nuestro ojos no se elevan ni se detienen a mirar el cielo, en busca del clima, entonces
recurrimos a que una máquina nos diga que clima tendremos hoy, y aunque
escudriñemos el firmamento no obtendremos respuesta segura, pues nuestros sentidos no
pueden detectar fenómenos meteorológicos, ya que no hay un bioma alrededor que nos
pueda dar esa información, pues una o varias máquinas regulan la temperatura y
humedad de nuestra habitación.
Nos levantamos de nuestro lecho construido por una máquina, salimos de debajo de
cobijas construidas por una maquina, nos vestimos con ropa construida por otras
máquinas, una máquina nos higieniza y usamos otra máquina para hacernos el
desayuno, que tomamos sobre muebles construidos adivinen por quienes, sí, por
máquinas. Salimos de esa endemoniada maquinaria para ir al trabajo. En la calle
(construida por máquinas) pululan miles de máquinas de todos tipos y colores, y a una
de esas nos subimos para ahorrar el tiempo que la máquina de nuestro pulso o bolsillo.
nos dice que se agota. Una máquina llamada GPS nos indica el camino, otra máquina
robot nos dice cuando detenernos en la esquina, y mientras esperamos que como un
camaleón cambie de color, el sonido de otra máquina nos avisa que alguien quiere
comunicarse con nosotros, inmediatamente la tomamos y comenzamos a hablar con ese
“alguien” que está quizá a cientos de kilómetros de nosotros.
La comunicación termina y deseamos hacer mas ameno el viaje entonces encendemos
¡dos máquinas! Una para entretenernos con música y noticias y otra porque hace frío.
Máquinas dentro de otra máquina.
Llegamos a destino y una máquina nos lleva sin fatigarnos once pisos mas arriba. Allí en
una reducida oficina varias máquinas trabajan teniendo como esclavos a nuestros
compañeros de cautiverio, perdón, quise decir trabajo. Nos sumamos a ellos hasta que de
nuevo la máquina que oficia como nuestro control remoto en nuestro bolsillo nos dice
que es hora de ir hacia la máquina que nos alimentará.
La tarde sigue el mismo curso de la mañana y volvemos sobre nuestros pasos a cerrar el
ciclo del sol al que no vimos en todo el día.
Antes de nacer una máquina escudriña al niño en el vientre de su madre, nace rodeado de
máquinas y muere de la misma forma. Las computadoras son los robots que controlan la
vida humanoide de este tiempo inverosímil. La informática a idiotizado al humano
convirtiéndolo en un ser manejable y moldeable, dependiente e incapaz de pensar o
razonar por si mismo.
No controlamos a la máquina, ella nos controla sin manos, pues usa las nuestras y es capaz
de manejarnos a distancia usando el control remoto que cargamos en nuestro bolsillo.
Aterrador ¿No?
Imaginemos entonces que alguien controle a las máquinas...
De hecho estamos interactuando tu y yo en éste momento a través de un sistema (red) msiempre controlado por un gigantesco cerebro cibernético, que tiene acceso a toda la información que circula en el planeta. Quien accede a estos datos tiene, por así decirlo, al mundo girando en sus dedos.
El poder de controlar mentes, vidas, pueblos, naciones, masas enteras, seduce a los que gobiernan y manejan al mundo como un titiritero a su marioneta.
Es tiempo de despertar.
¿En quién quieres depositar la confianza para que dirija tu vida?
1) Tu. Que no conoces tu futuro.
2) El mundo. Es una marioneta en manos de un titiritero que tiene sombrías perspectivas de futuro para ti.
3) Dios. No puede engañarte, no hay mal en él y tiene un plan perfecto para tu vida, quiere que vivas para siempre.
La desición es tuya.

